Hermano
mayor de Juan, Jacobo nació en Betsaida, Galilea, hijo de Zebedeo y conocido en
España como Santiago el de Zebedeo. Jesús lo llamó a él y a su hermano; Los
Hijos del Trueno. Como el resto de los apóstoles, a la muerte de su Maestro
dispuso su viaje de evangelización y partió a Iberia, territorio que comprende
a España y Portugal.
En
el camino conoció a siete discípulos ejemplares con los que vio a la Virgen
María en un pilar, en Zaragoza, y poco después sintió su llamada pidiéndole que
regresara a Jerusalén, lo cual hizo tras dejar a sus siete discípulos en Roma
con el propósito de que el Papa los elevara al grado de obispos y así
continuaran la evangelización de Iberia.
La
tradición apócrifa cuenta el martirio de Santiago por Herodes en el año 44.
Tras ser capturado en su viaje a Jerusalén, fue decapitado. La tumba de
Santiago, así conocido por los españoles ya que es la contracción de San Yago, apareció en España en la
segunda década del siglo IX en Iria Flavia, durante la Regencia de Alfonso II
el Casto. Éste acogió los restos del Apóstol con devoción, y aprovechó la
coyuntura para unificar al reino asturiano bajo un mismo patronazgo y así convertir
una tradición pagan a en cristiana: el camino de Santiago, sagrado para el
pueblo celta, y así se le atribuyó al Apóstol.
Sus
restos se conservan bajo la catedral de Santiago de Compostela, punto final de
la peregrinación de los devotos que recorren las sendas jacobeas. La vieira es
el símbolo de esta peregrinación. Conocido por los catalanes como Jaume, del cual deriva el nombre de
Jaime, también el nombre de Diego deriva del Santiago el Mayor, para
distinguirlo del hermano de Judas Tadeo. En inglés es conocido como Saint
James.
Durante
la Edad Media, los peregrinos emprendían este viaje con la esperanza de recibir
indulgencias; es decir, que el tiempo que sus alamas pasaran en el Purgatorio
se acortase a la mitad. Si la marcha se había realizado en Año Santo Jacobeo,
su alma entraba directamente al Cielo sin pasar por el Purgatorio.
Oración: ¡Señor Santiago! Heme aquí, de
nuevo, junto a tu sepulcro al que me acerco hoy, peregrino de todos los caminos
del mundo, para honrar tu memoria e implorar tu protección. Vengo de la Roma
luminosa y perenne hasta ti que te hiciste romero tras las huellas de Cristo y
trajiste su nombre y su voz hasta el confín del universo. (Extracto de la oración de su Santidad
Juan Pablo II ante la tumba del Apóstol Santiago.