Nacido
en Valladolid el 21 de mayo de 1521, fue el hijo mayor y sucesor del Rey Carlos
I y su esposa Isabel de Portugal. Salvo el Sacro Imperio Romano Germánico que,
su padre cedió a su tío Fernando, heredó todas las posesiones europeas y
americanas que constituían el Imperio Español. De esta forma se convirtió en el
monarca más poderoso de la tierra.
Desde
muy niño fue inculcado en el amor a las artes y las letras. Aprendió latín,
italiano y francés con Juan Martínez Silíceo, catedrático de la Universidad de
Salamanca. En el oficio de las armas fue instruido por el comendador de
Castilla, Juan de Zúñiga. A los once años queda huérfano de madre, lo cual le
afectó y marcó para siempre en su carácter de tendencia taciturna.
Con tan solo quince años
de edad participó personalmente en la defensa de Perpiñán. A los dieciocho años
de edad tendría a su primer hijo, el príncipe Carlos mientras quedó viudo de su
primera esposa, su prima doña María Manuela de Portugal. Además, asumió varias
veces las funciones de gobierno durante el reinado de su padre, claro bajo
tutela del Consejo de Regencia y, por ausencia del emperador. Lo anterior a que
su padre, el emperador Carlos V, tenía que resolver los conflictos en los
Países Bajos, 1539, o en Alemania, 1543 así, Felipe adquirió experiencia
directa que complementó con los valiosos consejos de su progenitor.
Tras la muerte de
Francisco II, último Sforza, en 1535, y con el propósito de evitar un conflicto
bélico con Francia si el emperador se proclamaba duque de Milán bajo su
legítimo derecho por ser un estado del Sacro Imperio, concede a su hijo el
título del Milanesado en 1540. En segundas nupcias, con su tía María, la reina
de Inglaterra, y debido a que solamente era príncipe y duque, el Rey Carlos
renuncia y le transfiere la corona del Reino de Nápoles con el propósito de
concertar la boda y quedar como rey consorte de Inglaterra.
Ya fatigado, el
emperador Carlos V abdica a las Corona de los Países Bajos, Sicilia, Castilla y
Aragón en favor de su hijo quien comenzaría su reinado entre 1555 y 1556
mientras que Austria y el Imperio de Carlomagno serían entregados a su hermano
Fernando I de Habsburgo.
Hombre austero,
sumamente religioso y con una destacada preparación para las labores de
gobierno, a las que se consagró con todas sus energías, “El Rey Prudente”
asumió la defensa de la fe católico como un deber insoslayable y combatió tanto
la propagación de la Reforma protestante en Europa como los avances del Imperio
Otomano en el mar Mediterráneo. De esta manera, y sin la aspiración a formar un
imperio cristiano universal que guío a su padre, Felipe hizo un nuevo frente al
poderío turco derrotándoles en la batalla de Lepanto.
Con la anexión de
Portugal y sus colonias africanas y asiáticas, Felipe extendió las dimensiones del
Imperio español al grado de decir que “En
mis dominios jamás se ponía el sol”. Sin embargo, por los designios de
consolidar la hegemonía en Europa se enfrentaron, como ya había sucedido con su
padre, con la expansión del protestantismo y la oposición de las potencias
rivales.
Las campañas militares
para frenar las revueltas protestantes de los Países Bajos, auspiciadas por
Inglaterra, desangraron la hacienda pública española aunado con el intento de
sometimiento de Inglaterra que culmina con la derrota de la Armada en 1588,
magnificado por la famosa Leyenda Negra que propagaron tanto
escritores neerlandeses como ingleses. Los primeros le dieron el sobrenombre
del Demonio de Mediodía y los segundos
se envalentonaron a invadir España en lo que sería la derrota de la Contra
armada en el puerto de la Coruña.
Padre amoroso, muere en
el convento de San Lorenzo de el Escorial el 13 de septiembre de 1598 pidiendo
que se destruyera toda su correspondencia y sin querer tener un biógrafo
oficial lo que propició que creciera más la leyenda negra en derredor de él.
Cierto es que, entrega las arcas de la corona quebradas a su sucesor, pero con
la grandeza de un Imperio donde jamás se ponía el sol.
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